Derrama la primera lágrima
Traza el primer surco
Suspira hondo y lento,
Grita al cielo que me odias:
y sin sentirlo, ámame.
Funde tu ser al suelo,
sin hacer contacto.
Golpea mi cuerpo con tu mirada;
imagíname sin aliento,
cúlpame por haberme amado,
cúlpate por seguir haciéndolo.
Escribe el primer verso,
arranca la primera página,
traza con ónice, en la tierra,
que me quieres -cerca y- lejos.
Asfíxiame en la irónica indiferencia.
Haz renacer lo oscuro,
haz brotar lo indigno:
siéntete Eva por un momento,
y asesina la inocencia,
clava la daga en mi inexistencia,
víveme en la presente ausencia.
Descifra los códigos que he escrito,
léeme -asesíname- en silencio.
Descifra los códigos no escritos,
escúchame en tus latidos, tu cuerpo.
Recuérdame, en el dulce olvido
como un fútil pasaje,
abrumador,
afónico,
terso momento.
Toma nota:
Alguna vez te amé tanto
que no necesité escribir esto.
Cómo termina esta historia
Hace 13 años